La historia de Rucamanque: una identidad forjada en barro y sudor

El rugby es esfuerzo puro. Bien lo saben las personas que han pasado por el club nacido un 1 de julio del 2000, cuando un grupo de apoderados del Colegio Santa Cruz, que viéndose impedidos de poder continuar practicando este deporte bajo el alero de la institución educativa, decidieron fundar Rucamanque, irónicamente durante un lluvioso sábado de invierno. Quizá fuera un día cotidiano para esos meses, pero tal vez podía ser una señal del destino que aguardaba a este nuevo equipo.

Construyendo títulos

Si bien en un principio se asentaron con infantiles y juveniles provenientes del Santa Cruz, rápidamente el club se abrió a todos quienes quisieran acercarse a la ovalada, instaurando una institución que cada vez crecía más. Sobre todo a contar del 2003, cuando se darían dos hechos históricos para el joven Rucamanque: nació la rama femenina en que el equipo destacaría notablemente, aportando a lo largo de los años con casi una decena de seleccionadas, y el elenco adulto masculino iniciaría su participación en el Torneo del Sur, enfrentando a las potencias de la zona.

La participación de Rucamanque en el sur siguió firme hasta que la ovalada araucana comenzó a crecer cada vez más, mientras los protagonistas de esta historia alternaban en distintos viajes y campeonatos.

Una de presentaciones más impactantes para los temuquenses llegó en 2009, cuando como invitados al torneo Aruco, lograron batir en la final a los Troncos por un épico 13-10, que simbolizó un triunfo histórico para Rucamanque: era la primera vez que un equipo invitado se coronaba campeón.

A nivel país también vendrían logros importantes, como la semifinal nacional alcanzada el año 2012, en que, tras una buena actuación en el campeonato, cayeron ante Seminario Conciliar de La Serena. Años después, los temuquenses lograrían alcanzar nuevamente esta instancia, quedando fuera de la final por una derrota ante Old Navy, que acabaría consagrándose campeón en esa oportunidad.

Otro momento importante llegaría en el 2016, cuando Rucamanque venció en la final del Torneo Centro-Sur a Old Gergel por 43-20, que les permitió posteriormente disputar el triangular de ascenso en primera división, donde tras intensos encuentros, donde volvieron a enfrentarse en el duelo definitivo ante un viejo conocido: Seminario Conciliar de La Serena.

Sin embargo, esta vez el destino le sonreiría a Rucamanque, que se consagró campeón luego de vencer 18-15, marcando en los últimos minutos y aguantando el resultado hasta un pitazo final que los catapultó a la primera división.

Ya en 2018, luego de tener que enfrentar otro torneo para asegurar su cupo debido a cambios organizacionales en la estructura de los campeonatos, finalmente tendrían su debut en primera, marcando una temporada bastante dulce, ya que Rucamanque logró consagrarse entre los cuatro mejores de la competencia, instaurándose, además, entre los 12 mejores equipos de Chile. Esta es, hasta hoy, la mejor campaña del elenco masculino adulto de Temuco.

El espíritu del barro

Pero, incluso más allá de los logros competitivos, uno de los elementos más importantes a la hora de hablar de Rucamanque es su identidad. Una que fue forjada en base a trabajo duro, esfuerzo y adaptación. Adaptación a cualquier circunstancia, por dura que fuera, para seguir disfrutando del rugby, un deporte donde, por bueno que seas, te van a pegar.

Desde el inicio, el club practicó siempre donde pudo, alternando constantemente sus casa que, mejores o peores, siempre eran un lugar sagrado para el entrenamiento.

Comenzaron practicando los días sábado en un potrero de la UFRO que se utilizaba como cancha, pero posteriormente, por construcciones que se realizaron en el lugar, tuvieron que migrar a Radio Esperanza, cercano al Colegio Santa Cruz, donde había un sitio grande en que podían entrenar.

Los espacios en que practicaban eran tierra y barro. Las constantes lluvias de la zona llevaban a que el agua se apozara, y así los entrenamientos de rugby acababan normalmente con los niños literalmente nadando.

Heridas, cicatrices y marcas en el cuerpo quedaron en los veteranos de Rucamanque, que entrenaron en “La Plaza”, jugando en una cancha de tierra en que instalaban las “H” de forma muy artesanal, amarrándolas a arcos de fútbol que con el pasar del tiempo, cada vez se encorvaban más hacia un costado por el peso de la estructura.

Sin embargo, esto no los desmotivaba. Al contrario, normalmente quien jugaba en los partidos era quien se mostraba más responsable en los entrenamientos, el que resistía las condiciones adversas y sacaba a relucir la garra que fue construyendo el equipo a través de prácticas sumamente exigentes, no solo por los requerimientos del coach, sino por las propias características del espacio.

Pese a que hoy las condiciones se han modificado bastante para Rucamanque, teniendo pasto bajo sus zapatos y unos palos firmes a los que apuntar para convertir, continúan visitando La Plaza, la tierra, el barro, cada año. Su primer entrenamiento de cara a cada temporada es siempre en ese lugar, donde forjaron su espíritu, su identidad, su sello, en que las cicatrices del cuerpo se instalaron con fiereza también en su camiseta, una que sin importar el paso de los años, sigue manchada con el barro y sudor que enorgullece a Rucamanque, porque para ellos, no podría haber ninguna otra indumentaria que representara mejor al club que se construyó bajo la lluvia, desde su nacimiento un primero de junio del 2000, en un lluvioso sábado de invierno.

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