La historia de URMA: el sueño de formar «rugbistas»

En conjunto con un grupo de amigos de Juan Carlos Vega y Rodrigo De la Fuente, se desarrolló un taller de rugby en un colegio de Alto Jahuel, en Buin. Iniciativa que, tras conversaciones en un asado, acabaría conduciendo a la fundación del Club Deportivo Unión de Rugby del Maipo.

Una vez que acabaron los talleres en 2011, se realizó sin éxito un primer contacto para implantar el rugby social en las comunas de Buin y Paine, pero más tarde en 2012, llegaría el momento en que Vega y De la Fuente decidirían lanzarse con absoluta determinación para cumplir su anhelo de un club de rugby con un carácter social, concretando la fundación de URMA el 19 de mayo del mismo año.

Los inicios de URMA

En un comienzo, el club arrancó entrenando en el Estadio Municipal de Paine, para posteriormente trasladarse al Complejo Fátima.

Los primeros uniformes de la institución fueron obsequiados por el Old Grangonians, quienes les regalaron indumentaria en perfectas condiciones a las que solo hizo falta cambiarle el escudo de Old Boys por el Halcón, que era el sello de URMA.

A contar del 2013, los jóvenes del club fueron creciendo cada vez más en números, de la misma manera que hacía el prestigio de URMA y por tanto las invitaciones hacia el equipo para participar de distintos festivales.

Ante este crecimiento, el mismo año, Juan Carlos Vega junto con su hermano decidieron seguir con su aporte hacia el anhelo de un club de rugby con carácter social y comprar un terreno que entregaron en comodato a URMA por una década. Tras esto, vendrían los camarines, el estacionamiento, pasto sembrado y no solamente una, sino dos canchas reglamentarias.

El desarrollo continuo a nivel de infraestructuras, llegando incluso a tener su propio gimnasio y quincho tan solo a un par de años de su fundación, generando todo un complejo a disposición de los jóvenes que URMA se esfuerza en formar.

Entre este avance, los talleres de rugby realizados en el Colegio Paula Jaraquemada han llevado a que el club logre formar una importante cantidad de menores con gran nivel, no solamente en el ámbito competitivo, donde en el aspecto técnico consiguieron potenciar a sus jugadores, sino en el objetivo principal de la institución: el lado humano. Aportando a mejoras en la conducta y desenvoltura por parte de los chicos que se sumaban al rugby.

Otro enfoque: mucho más allá de la competir

El objetivo principal, desde la fundación de esta institución, era apoyar a los jóvenes en condiciones de riesgo social, sin embargo finalmente se decidió generar un proyecto mucho más abierto, en que no hubiera distinciones y se pudiera generar una institución que verdaderamente representara el “rugby para todos”, buscando juntar personas de todos los estratos sociales y experiencias en torno a dos ovaladas: la pelota y las sandías. Dos cosas que para esta institución se han vuelto un sello identitario.

Con esto, URMA buscaba generar un cambio desde el enfoque no solamente deportivo, sino cultural, aportando socialmente a todo el Maipo, abriendo las puertas hacia este deporte y una formación basada en la identidad del rugby.

Inspirados en las bases de Nueva Zelanda, URMA buscaba ser la unión de toda su zona, impulsando el desarrollo provincial-regional para potenciar su desarrollo y alimentar la producción de jugadores con un sello humano particular.

El Seven de la Sandía

En 2015, pese a que sus jugadores prácticamente no sabían jugar a la modalidad reducida en ese época, y que el XV rudimentario había sido el principal desarrollo técnico del club hasta ese momento, URMA decidió organizar un campeonato que a esta altura se ha vuelto un evento deportivo emblemático de la zona.

En tan solo tres meses consiguieron transformar el enfoque formativo, complementando la capacitación de los rugbistas para XV con ámbitos de seven que les permitieran estar a punto de cara al torneo que ellos mismos organizarían.

Acompañados por Gauchos, Monte Tabor, Oldham, Santa María RC y UTEM, se dio inicio a un campeonato que a día de hoy ya ha tenido tres ediciones, cada vez con más equipos queriendo sumarse a una instancia donde en su última celebración, la organización incluso tuvo que dejar algunos elencos fuera por la cantidad de equipos que deseaban participar del campeonato.

Formando rugbistas. Formando buenas personas para el Maipo.

Desde la fundación de URMA hasta la publicación de esta nota, se han inscrito más de 600 niños, jóvenes y adultos, tanto hombres como mujeres, generando una asistencia constante de aproximadamente 80 personas.

Este proceso, contra lo que puede parecer, no fue a largo plazo: buscó el éxito inmediato. ¿Se tradujo en títulos? No es importante. Ese nunca fue el objetivo. La clave estuvo en el cambio que se pudo generar en las personas que pasaron por el club, los cambios en la formación de los niños, en el crecimiento de los jóvenes, en la visión de los adultos.

URMA fue un club que nació de manera diferente, y que apuntó a un éxito inmediato. De ahí nace su inversión y constancia a la hora de apuntar a su objetivo, uno que fue más allá de la competencia. Uno que en verdad consistía en formar verdaderos rugbistas para la sociedad, buenas personas que mostraron el sello distintivo de un deporte y pudieran crecer como seres humanos sosteniendo una ovalada entre sus manos. Ya sea dentro de la cancha o fuera de ella.

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